
Tom Peters escribió en agosto de 1997 un brillante artículo para la revista Fast Company titulado “The brand called you“.
Este artículo es considerado como uno de los precursores del concepto personal branding, cosa que, por cierto, hizo que creara este sitio. La cuestión es que hay veces en que las decisiones que tomas influyen directamente en tu personal branding, y afectan a tu reputación profesional. E incluso a tu reputación personal. Por eso es importante saber cómo ejecutar tu marketing. La cuestión no siempre radica en estar en las redes sociales, tener un blog activo, o acudir a muchos eventos de networking. La cuestión está en ser selectivo respecto a dónde vas a hacer tus apariciones y valorar qué tipo de retorno buscas. Y sobre todo, no quedarte dormido.
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Mi inglés está ciertamente oxidado. Y si ya es difícil intentar escribir en inglés sin parecer un patán en un chat, imaginad lo que cuesta redactar un correo en que se discute un acuerdo de confidencialidad o unos términos de pago…
Pues a las dos cosas me he enfrentado esta mañana. Con algo de ayuda (Jose & Miquel) hemos salvado la situación. Pero me ha servido para darme cuenta de que por mucho que nos empeñemos en negarlo, es evidente que cuando quieres crecer profesionalmente, tarde o temprano vas a necesitar hablar inglés. Porque más mal o más bien lo hablan worldwide. Y no siempre vas a tener un amigo que te eche un cable, o un traductor de google en la mano (que incluso puede empeorar las cosas).
Así que por lo que parece, esta asignatura pendiente me la tendré que sacar más pronto que tarde. Si no lo habías pensado, toma nota…

No suelo hablar de las cosas que me ocurren con clientes, pero en este caso haré una excepción. Y os voy a contar una pequeña historia, como las de los abueletes, y con moraleja.
Hace más de un año que armé mi primera campaña de publicidad seria con Google AdWords. Costó un tiempo afinar las palabras clave, segmentar geográfica y demográficamente, combinar datos con las analíticas web para determinar franjas horarias, aumentar pujas y presupuesto… hacerla funcionar, vaya. Pero tras tres meses la campaña comenzó a rendir debidamente, y a cubrir las expectativas del cliente. De hecho, gracias a ella superó su dependencia de la publicidad tradicional en Páginas Amarillas, hasta el punto de cancelar completamente su presencia en papel y centrarse sólo en los resultados que obtenía por el posicionamiento de la web (que por cierto, también le había diseñado y optimizado), y las conversiones procedentes de AdWords. Y ha llegado a ahorrar cerca de 3000 € al mes. ¿No está mal, verdad?
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TV Wall
Quizá es porque cuando descubres que es más rentable generar, aun artificiosamente, contenidos con que rellenar tu parrilla y ver que sigues teniendo audiencias y puedes vender publicidad, ya has cruzado una linea que dificulta volver atrás. Y por eso aprendes de tus “fallos” y en lugar de generar contenidos sobre alguien que puede no estar necesariamente “en tu onda”, es mejor que sí lo esté. Y entonces tus programas dejan de girar en torno a determinados colores de prensa, y a centrarse en la propia gente a la que pagas por rellenar horas y horas de tu parrilla. Porque al final y a la fuerza, son tan famosillos como los que van persiguiendo otros micrófono en mano. Metámoslos en una caja y luego pasemos horas y horas vespertinas hablando de ello.
Claro que siempre puedes ir un poco más allá. Y no sólo “crear” actualidad, sino también introducirte peligrosamente en ella. ¿Hasta qué punto es lícito forzar una declaración de una persona que claramente no está en condiciones mentales normales? ¿Y hasta qué punto es lícito aprehenderla y trasladarla a una comisaría, y obligarla a efectuar una confesión? ¿No podría rozar ésto el delito de detención ilegal del artículo 163.4 C.P.?
Algunos medios no dudan en saltar de un lado a otro de la delgada linea roja que divide la corrección de la incorrección (incluso puede que el delito). ¿Es necesario ésto por un puñado de euros? Es caro pagar la televisión por cable, pero al menos esto me permite huir a mi antojo de este tipo de contenidos, que son pura telebasura. Por mucho que a Jordi González le cabree y lo llame periodismo.