01.02.2011
El pulso egipcio

Plaza Tahrir, El Cairo. Foto: EFE
He oído en la radio (lamento no ser más preciso, pero ya hace unas horas) algún comentario acerca de la situación que está viviendo Egipto y la certeza de su gestación en las redes sociales. Sinceramente, no creo que tenga nada que ver. Pero al contertulio de turno le ha quedado un discurso de lo más llamativo.
Eso sí, que no se haya gestado no en las redes sociales no quiere decir que éstas no tengan un papel destacado en el asunto. Lo tienen en el mismo momento en que per se son concebidas como instrumentos que deben ser controlados por el régimen antidemocrático de turno. Para muestra, un botón: Egipto absolutamente revolucionado y China censura toda información que suene a Egipto. Miedo a la propagación de noticias. Miedo a la propagación de ideas.
Los tiempos han cambiado y los gobiernos están cada vez más pendientes de internet y las redes sociales. Pero lamentablemente la visión es en general negativa. Incluso para Estados como el nuestro, en que lo más importante -lo hemos visto con la tristísima negociación de la LES – parece ser mantener modelos de negocio erosionados a toda costa, en lugar de potenciar nuevas actividades económicas que lleven parejos nuevos modelos de negocio, más bienestar y generación de riqueza en el país.
Hablar de censura y de lo malo que es el gobierno chino y el tijeretazo a internet del gobierno egipcio es estos días más fácil que nunca. Pero se me antoja que, aunque sin la misma virulencia con que han estallado los acontecimientos en Egipto o sin la estrategia aislacionista de la China, España todavía no es exponente de sociedad ciber-evolucionada (permítanme el palabro). ¿O acaso se cree alguien que el cierre “federal” de rojadirecta.org es casualidad?
Pero bien, volvamos mínimamente a Egipto. El cierre del “espacio cibernético” egipcio responde a un hecho: el tremendo poder de convocatoria que hace tan solo unos años tenían los sms, y cuyo testigo ahora han recogido las redes sociales y twitter.
Es evidente que la rebeldía y el pensamiento disidente a un régimen dictatorial ahora tienen una arrroba con que sustituir a las piedras, que llegado el momento hace incluso más daño que estas mismas, y una pública clandestinidad que difunde mensajes y convoca masas como nunca antes se había visto. Quizá por sí solos estos elementos no sirvan para forjar una revolución … o sí.
En cualquier caso, las cosas ya no volverán a ser como antes. A todos los niveles. Aunque un 42% de los americanos no sepan qué es Wikileaks, y nunca lleguen a saberlo. Qué más da. Internet ha entrado en juego, en todos los escenarios y a todos los niveles. Y ahora los gobiernos tienen que que acostumbrarse a jugar en el mismo tablero con un nuevo jugador: las masas y el acceso directo, real e instantáneo a la información de que disponen.
Seguirá habiendo cosas que escapen a nuestro conocimiento como ciudadanos de un mismo mundo, pero desde luego van a ser cada vez menos. Y cada vez tendrá más relevancia cómo se maneje y cómo se difunda la información. Hoy es Egipto, pero mañana será otro lugar “equis”. Parece un rayo de luz, ¿no?







