Firmas en Las Provincias – Es lo que es, hay lo que hay

Martes
26.01.10

Pluma Montblanc

Pluma Montblanc



Ludwing Van Beethoven dijo “Debería haber un gran almacén de arte en el mundo al que el artista pudiera llevar sus obras y desde el cual el mundo pudiera tomar lo que necesitara”.

Anoche vi el reportaje El Peaje de la SGAE en TVE1, y al margen de las historias más o menos personales que se emitieron, me llamó poderosamente la atención el testimonio del chico que toca el piano en el Taller de Músicos de Barcelona. ¿A vosotros no? Me llamó la atención su frase “Y como sólo existe la SGAE, lo que hay es la SGAE“. Esta soberbia frase demuestra la poca información que reciben los artistas noveles sobre algo tan importante para su formación (y ahora entiendo que también descuidado), como es la gestión de sus derechos de propiedad intelectual. Pero no sólo eso. También demuestra que el mundo de la música en general vive anclado a un modelo de negocio caduco y no se esfuerza demasiado en cambiarlo.

Veréis, hace unos días fue noticia que la venta de música en España cayó un 17%. Este dato lo ha hecho público en Londres la Federación Internacional de la Industria Discográfica. Curiosamente han aludido a la situación española. Y no perdamos de vista que son un lobby de presión. Así que, si un asociado está en apuros, le lanzan un capote o dos. De forma que han demonizado la situación de las descargas de música en España y han echado la culpa por un lado a los elevados precios de la banda ancha -aquí parte de razón tienen-, y por otro lado a la piratería. Ya saben, piensan que llevamos parches y loros en el hombro.

Claro está que lo que no han comentado es que la problemática radica en su modelo de negocio a todas luces desfasado. Verán ustedes, resulta que Universal Music, una gran discográfica a nivel mundial, que cuenta entre sus filas a artistas de tanto renombre como Rihanna, Lady Gaga, 50 Cent, Mariah Carey o Eminem, ha hecho público que Spotify ha superado ya a iTunes en Suecia como primera fuente de ingresos por venta de música online.

El modelo de negocio propuesto por Spotify demuestra que se puede compaginar la gestión de los derechos de propiedad intelectual con el acceso gratuito a los contenidos. Es verdad que el pago por suscripción (unos 10€ al mes), es el modelo alabado por Universal. Pero la alternativa gratuita (monetizada con anuncios intercalados), está funcionando muy bien en España. De forma que teniendo una cuenta de Spotify, puedes acceder a toda la música que quieras en tiempo real porque está a sólo un par de clics de distancia, y ellos ya han gestionado los derechos de propiedad intelectual con quien corresponda, que a fin de cuentas a ti como usuario final ni te va ni te viene. Y sé de buena tinta que el modelo está gustando a muchos productores, que logran ver luz al final del túnel, y, por qué no decirlo, el poder prescindir de intermediarios.

Es que no me cabe en la cabeza que habiendo eliminado el soporte (el cd, con su carátula, su librito, su cajita…), y teniendo el único coste de un servidor dedicado desde el que enviar un archivo en formato .mp3 a un usuario, el precio que se le intente cobrar por canción sea prácticamente el mismo que si dividiéramos el precio del CD que se puede adquirir en una tienda real por el número de canciones que contenga. Señores, si hemos eliminado los intermediarios y los costes de packaging, ¿como puede ser que se intente mantener el precio en un nivel prácticamente proporcional? Se debe entender que si se da un cambio de soporte (es decir, pasamos de cd físico a archivos .mp3 o incluso streaming), con su consecuente variación a la baja de los costes de producción y comercialización, es necesario una bajada del precio del productos. Ojo, del precio, que no del margen de beneficio. Porque el abaratamiento de los costes permite mantener el mismo margen de beneficio, solo que aplicándolo a un coste fijo distinto obviamente el precio de venta final necesariamente también bajará.

Pero parece que buena parte de la industria todavía quiere mirar para otro lado y no ve que los tiempos están cambiando.
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