Firmas en Las Provincias – Pidamos perdón por la tecnología

Pluma Montblanc
El fin de semana pasado leía que se han presentado 3 millones de firmas contra el canon digital al Congreso de los Diputados. No voy a enlazar la fuente porque buena parte de los periodistas recogían en la misma noticia declaraciones de un señor que afirmaba que con el proyecto de reforma de la LES se podrán cerrar webs en 4 días, y claro, me parece un insulto hacia los lectores que ya sabéis de qué va la LES . Pues bien, la cuestión es que el canon parece un grano que nos ha salido en ya sabéis qué parte, que por más que usemos cremas astringente, no conseguimos quitarnos de encima.
El canon en en mi opinión una bajada de pantalones ante la industria. Sí. Técnicamente el canon es una remuneración compensatoria por el derecho de copia privada, que perciben los autores, editores, etc., por el hecho de que en determinados soportes digitales o analógicos se pueda hacer una copia de su creación intelectual. Recalquemos ese “se pueda”, porque este es el quid de la cuestión.
El canon dice al usuario: como en un CD te puedes copiar un álbum de Ramoncín, tienes que pagar por ello. Pero claro, tú cuando vas a la tienda no le dices al dependiente: oiga, que me voy a hacer una copia privada de un CD de Ramoncín, gráveme usted el soporte con el canon. Claro que no. Primero porque al dependiente no le importa, y segundo porque si lo que quieres es grabar los videos de tu handycam de tus vacaciones en Disneylandia, no tienes que comentárselo al amable vendedor. Cosa curiosa es que si tienes una handycam con disco duro, has pagado dos veces el canon: una por el disco duro de la cámara y otra por el dvd en que vas a grabar.
Parece algo ilógico, ¿no? Es como si al comprar una navaja de Albacete debiéramos pagar una tasa porque con ella además de cortar chorizo, puedo rebanarle el cuello a un semejante y cometer un delito. Quizá el símil sea algo exagerado, pero viene a ser lo mismo. Es una compensación a un empresario por un dinero que deja de percibir.
¿En qué momento perdimos el rumbo y vimos oportuno compensar a una parte de una industria porque un avance tecnológico les pueda forzar a una revisión de sus caducos modelos de negocio? Continuar ofreciendo una compensación fulmina la evolución y proporciona a la industria una excusa para no avanzar. Si el gobierno me compensa por seguir teniendo el mismo modelo de negocio que he mantenido durante un siglo, ¿por qué iba a molestarme en cambiarlo?
El canon cerró un círculo vicioso. Permito el derecho de copia privada pero es un regalo envenenado porque establezco una tasa que grave ese derecho. Y si la industria ve como algo esencial mantener su modelo porque fuera de él no hay vida ni esperanza, ¿cómo es que los intérpretes han obtenido unos beneficios por la recaudación de sus conciertos que ha aumentado en la misma proporción en que la recaudación de las sociedades de gestión ha disminuido? Si las curvas son opuestas, y sólo pierden las sociedades de gestión, la necesidad de la renovación del modelo es más que obvia. Y si renovamos el modelo, forzosamente debemos revisar el canon que ayuda a su sustento. Parece lógico.
La otra opción es pedir perdón por la tecnología y seguir compensando a las sociedades de gestión. Bueno, mentiría si no dijera que hay otra alternativa: reclamar judicialmente los céntimos de cada soporte, cd, dvd, y demás a quien nos los ha cobrado. Hasta el momento, estas reclamaciones han prosperado y se ha obligado a la devolución del canon a los demandantes. Pero claro, nadie en las sociedades gestoras te va a decir que lo hagas porque quedarían bastante en ridículo. Imagina que reclamas 0,96 céntimos (es un decir) y luego piensa en el coste de los folios de presentación y contestación de la demanda, la citación de las partes, la movilización de la administración de Justicia para celebrar el juicio, las costas judiciales, los folios de publicación y notificación de la sentencia, los honorarios de los abogados… mover la maquinaria judicial, vamos. Eso ya tiene un coste mil veces mayor a lo reclamado, y hacen perder un valiosísimo tiempo a todos que debería emplearse en cosas más serias.
Si todos reclamásemos por el canon, y colapsásemos la administración con estas reclamaciones, seguro que se repensarían seguir manteniéndolo. Por suerte siempre nos quedará acudir al Plan “B” y aprovechar que formamos parte de la Unión Europea para comprar tarrinas de CDs y DVDs en Alemania, sin canon, y por unos míseros euros de gastos de envío no llenar las arcas de las sociedades de gestión.

