02.02.2011
Recreo en la Ciutat de la Justicia

Ciutat de la Justícia, València
La primera vez que entré en la Ciudad de la Justicia me impresionó. Pensé que algo así debería ser un ejemplo de eficiencia funcionarial que lograse cambiar la paupérrima imagen que la Administración de Justicia desprendía, siempre rancia y privilegiada. Claro que de ésto ya hace algún tiempo.
Verán ustedes, yo creo que los horarios están para ser cumplidos. Si un trabajador en una empresa privada llega a su puesto de trabajo, ficha (o se loguea en el sistema), e inicia formalmente su jornada laboral, pero luego llega su jefe y detecta que se va al bar de enfrente a tomarse un cafetito cuando no es su descanso, pues es motivo de sanción. Si lo hace asíduamente, la sanción posiblemente sea más grave. Pero ¿que ocurre cuando es un funcionario de la Ciutat de la Justicia de Valencia? Pues parece que en Valencia, nada. Al menos por ahora.
Siento vergüenza ajena, ese curioso sentimiento. Aquí no hay defensa posible. No hay tu tía. Tú, funcionario, a tí te digo. ¿Quieres tomarte un cafelito antes de comenzar a trabajar? Estupendo. Pues llega 20 minutos antes al trabajo y tómatelo. Porque cuando fiches, ya estás trabajando para nosotros, los “administrados”. Y no sufragamos con nuestros impuestos tiempo para que te tomes tus cafés. ¿Te parece bien? Ni se te ocurra responderme. Era una pregunta irónica.
Pero hete aquí que el funcionariado desleal (bueno, supongo que no habrá sido consenso de todos, sino obra de algunos pocos) en lugar de agachar las orejas y esconder el rabo entre las piernas, cosa propia del que han pillado con el carrito de los helados, ha tenido los santos cojones de colgar este cartel por los juzgados.
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Este chico es el que se dedica a espiar a los funcionarios.
Así sabremos todos qué aspecto tiene. Se le ve mucho por la Ciudad de la Justicia.
ES RAMÓN FERRANDO.
¿A que mola? ¿De qué va esto, funcionarios? ¿Acaso estamos en el patio del cole? ¿Qué le vais a hacer al periodista? ¿Esperarle a las 15h cuando acabe vuestra jornada, en la puerta de atrás para darle su merecido? ¿Vais a impedir que haga su trabajo en un lugar público y en una administración pública? ¿Queréis ridiculizarlo porque ha hecho su trabajo y ha sacado a la luz lo bien que cumplís con vuestras obligaciones estatutarias?
Personalmente espero que al final de esta historia ocurran dos cosas. Primero, que los funcionarios que manifiestamente han llevado a cabo estas prácticas sean sancionados y trasladados lo más cerca del Rincón de Ademuz posible, y segundo, que el autor de los cartelitos reciba una bonita demanda por parte del periodista. Y ello porque le han hecho un flaco favor al resto de compañeros que sí hacen bien su trabajo y pelean día a día por ofrecer al ciudadano una Administración de Justicia digna, como debería ser en una sociedad civilizada. Menos mal que ya presuponemos hace algún tiempo que no todos los funcionarios tienen que ser por definición ovejas descarriadas.
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